Diario #9 Un día en el refugio de lo ordinario y familiar
Hace días que se nota el cambio de estación, de verano a otoño. La luz que entra por la ventana es más sutil y tenue, todos los colores se suavizan y el dorado de las hojas empieza a tomar fuerza. Las ramas desnudas nos hablan de una frondosidad pasada. Cuando pensábamos que ya habíamos tenido suficiente sol y calor, ahora anticipamos su nostalgia; sabemos que en unos días lo estaremos buscando con ansia por el calor y optimismo que desprende.
Cuando me levanto por la mañana tengo el ansia de aprovechar las horas, me digo que más adelante ya habrá tiempo para estar en casa. Me sorprendo al tomar una sudadera por si necesito abrigarme y salgo a buscar nuestra preciada estrella. El contraste entre las zonas sombrías de entre los edificios y el calor de los rayos de sol empieza a notarse.
Gracias a los paseos que hago junto a la zona donde vivo he aprendido a calmarme y a valorar lo que me es familiar y cotidiano. Es curioso, hace unos meses deseaba salir de mi ciudad y recorrer kilómetros. Ahora prefiero lo que, en parte, me siento mío, que formo parte de ello. Sin que me suponga un esfuerzo, puedo identificar cosas bonitas. Es ordinario en el buen sentido, es fácil, cómodo, conocido, seguro.
Dicen que si no encuentras contentamiento en la taza de café de la mañana, algo de tu vida no va bien.
No entiendo por qué me ha costado tanto tiempo aprender a apreciar mi vida: mi familia, mi casa, mi ciudad. Lo cierto es que hasta que no he empezado a ver cada una de estas cosas como la fortuna que son, no he podido empezar a aceptarme y quererme bien, incondicionalmente.
Por pura inercia, como tanta otra gente, solía caer en la rueda de la moda y la novedad. A veces me preguntaba cómo podía ser que todo el mundo quisiera y pensaba lo mismo y tuviera gustos e intereses tan similares. Qué hace que nos gusten unas cosas y no otras, me cuestionaba. Aunque todavía no he encontrado respuesta -y no sé si este fenómeno ocurría antes de que el mundo digital pasara a formar parte de nuestra cotidianidad-, tengo la sospecha de que los algoritmos de internet y las redes sociales tienen una importante influencia sobre ellos. No hay nada malo en tener sueños y objetivos, pero creo que necesitamos una base firme sobre la que construir nuestros castillos. Una base que debe basarse necesariamente en la verdad y la apreciación por lo que ya es, por lo que ya somos, por lo que ya tenemos.
Mi evolución personal me ha llevado a una etapa actual diferente de las anteriores en cuanto a que, influenciada por el minimalismo y la vida lenta, a menudo, me interesa más recuperar y volver a vivir y experimentar unas mismas cosas que vivir y experimentar de nuevas.
Como el niño pequeño que mira una y otra vez el mismo cuento o el anciano que mira cada día las fotografías que narran su vida, recurro a las mismas canciones, series y películas, libros, recetas, lugares… de siempre. Hay algo precioso, casi espiritual, en revisitar las páginas de mis diarios personales, de escribir las mismas frases que me reconfortan, como un libro sagrado, como un maestro eterno. Volver a visitar esos sitios me recuerda quién soy y dónde voy, me hace valorar e interpretar con ojos más dulces lo que miro, y cura la ansiedad de querer, querer y querer.
Lo veo como un acto de amor, como una caricia de la abuela, como una buena comida casera, como el aroma de casa… Son cosas efímeras que, por su sencillez y cotidianidad, suelen darnos muchas oportunidades para vivirlas y valorarlas en nuestros días.
La felicidad puede ser muchas cosas. También, en mi opinión, la forma el sentimiento de seguridad, de acogida, de reconfortamiento, de solidez, digamos como queráis, que nos dan las cosas de siempre.
Los meses de frío invitan a volver a casa de forma especial. Tengo ganas de estar con mi familia y repetir las tradiciones de cada año. Y la luz de los meses más fríos del año es tan nostálgica que me lleva a revivir momentos pasados de la infancia, en lugares y personas todavía presentes. Al final, ¿con qué realmente nos quedamos de la vida?
Vuelvo a la calidez de casa.

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Nos leemos,
Teia x ♥
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